La ilusión de lo desconocido

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Estamos en el día más mágico del año. Solo basta con ver las caras de los niños en la noche de ayer en las miles de cabalgatas de reyes que se realizaron por todo nuestro país. Cada uno disfruta a su manera, pero a todos les une la ilusión.

Hace años una conocida periodista dijo que había que disfrutar de las celebraciones pero que no se olvidara tampoco las vísperas, la previa, los días antes de cualquier acontecimiento mas o menos importante. Estos días previos estresan y es un no parar, pero la recompensa es siempre mucho mayor porque nos enfrentamos a la ilusión de lo desconocido. El entusiasmo de las caras ante lo que vendrá o mas concretamente a lo que nos espera debajo del árbol de navidad en nuestras casas es lo que mantiene esa tensión. En definitiva, lo inédito, tan apasionante como atrayente. La sorpresa, esa emoción neutra, fugaz e inesperada que provoca que la mente acabe en dos lugares totalmente opuestos: alegría y entusiasmo o la pequeña frustración, un resultado difícil de prever según lo esperado por el receptor. Siempre hay que esperar en positivo, porque lo material es transitorio y movible. Lo importante son las sensaciones y los sentimientos y poner esa ilusión en nuestro día a día. Creceremos como personas y podemos construir un mundo más racional, lógico y sobre todo más empático.  

Que usemos la gasolina de la ilusión, que en este día desborda, en todo lo que hagamos el resto de nuestras vidas.

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