Aromas

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Por Mª Luz Domínguez

Como el frenazo en seco de un coche para evitar un choque así nos ha detenido la vida el COVID-19. Nos ha parado de repente y se ha activado el modo pausa a esa rutina rápida que hace que casi no nos dé tiempo a cumplir todos los quehaceres diarios. Para aliviar este confinamiento hemos vuelto a retomar labores a las que no nos dedicábamos desde hace mucho porque la mayoría de las veces afirmábamos no tener el tiempo suficiente para poder hacerlas bien.

A mediados de abril los supermercados se quedaban sin levadura. Primero fue el papel higiénico y después éste. El motivo de esta escasez era la gran demanda de este producto porque a los ciudadanos nos había dado por hacer repostería. Teniendo en cuenta la elaboración de dulces sin exceso hay que reconocer que elaborar los dulces caseros nos alegra el estómago, pero también la vida. El aroma de la comida tradicional inunda el hogar y nos trae nuestros mejores recuerdos de lo que cocinaban nuestras abuelas y nuestras madres.

Vuelven las alacenas a tener las rosquillas fritas que no faltaban en las celebraciones familiares y populares. Han vuelto las torrijas como único elemento que no hemos perdido de una Semana Santa que este año hemos tenido que pasar por alto. Y en este fin de semana tampoco han faltado los típicos San Marcos.

Hoy somos nosotros y nosotras los y las que, aunque sea gracias a esta situación excepcional, hemos incluido estas rutinas culinarias en la gastronomía del día a día. De ello también aprenderemos porque seguro que a partir de ahora no es la primera vez que lo cocinamos. Así que, en cualquier caso, todo lo que sea para bien, bienvenido sea.

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