“Las fiestas nos recuerdan quiénes somos, de dónde venimos y por qué siempre merece la pena volver”
Las fiestas de Torrubia del Campo continuaron este sábado con un pregón marcado por los recuerdos, la familia y el sentimiento de pertenencia. Amelia González fue la encargada de abrir oficialmente las celebraciones con un discurso en el que recorrió buena parte de su vida y explicó por qué, pese al paso de los años y a haber desarrollado parte de ella lejos del municipio, Torrubia continúa siendo uno de los lugares fundamentales de su historia.
“Dicen que uno nunca deja del todo el lugar donde nació. Pero creo que es justamente lo contrario: es el lugar donde nacimos el que nunca nos abandona”, comenzó señalando la pregonera antes de resumir buena parte del espíritu de sus palabras: hay pueblos que se llevan en el corazón.
Amelia recordó cómo recibió el pasado mes de mayo la propuesta de ser pregonera y cómo aceptó prácticamente sin pensarlo. Después llegaron los nervios ante la responsabilidad de ponerse delante de sus vecinos para hablar de un municipio en el que nació, creció y donde, como explicó, continúan estando sus raíces.
Una vida ligada a Torrubia
Buena parte del pregón estuvo dedicada a su familia y, especialmente, a sus padres. Amelia repasó recuerdos de infancia, escenas cotidianas y momentos aparentemente sencillos que con el paso de los años han adquirido un significado especial.
Las tardes con familiares y amigos, los animales, las visitas a casa de sus abuelos o la ilusión de viajar unos días antes de las fiestas para comprar el vestido que estrenaría en las celebraciones fueron apareciendo en un discurso construido desde la memoria.
“Hoy sé que tuve la suerte de vivir una infancia que no cambiaría por ninguna otra”, reconoció antes de recordar una felicidad que entonces estaba en las pequeñas cosas: una merienda, una espuerta llena de uvas, un vestido nuevo para el día de la Virgen, una tarde cualquiera con las amigas o simplemente esperar a que llegaran las fiestas.
También tuvo palabras para las amistades de la infancia y la adolescencia, evocando aquellas primeras cuadrillas, las noches de fiestas y los lugares en los que una generación construyó recuerdos que, décadas después, continúan formando parte de su vida.
Su implicación en las actividades del municipio tampoco es nueva. Durante su juventud participó en distintas iniciativas organizadas en Torrubia, desde actividades culturales hasta la preparación de carteles y propuestas relacionadas con las propias fiestas.
La familia, siempre presente
El traslado a Madrid supuso uno de los grandes cambios de su vida. A punto de cumplir los 18 años, dejar atrás a su familia y sus amigas no resultó sencillo y durante mucho tiempo, recordó, su principal deseo era regresar al pueblo.
Pero Madrid también abrió una nueva etapa. Allí construyó su propia familia y conoció a Jesús, su marido, a quien dedicó uno de los momentos más personales del pregón. Después de más de tres décadas juntos, Amelia quiso agradecer públicamente que aceptara desde el principio que fines de semana, vacaciones y fiestas tenían muchas veces un mismo destino: Torrubia del Campo.
“Gracias por acompañarme, por adaptarte, por implicarte, por convertirte en uno más y por entender lo que Torrubia significa para mí”, expresó.
Ese sentimiento se ha trasladado también a las siguientes generaciones. Sus hijos y otros miembros de la familia han crecido vinculados al municipio, disfrutando de una forma de vivir el pueblo que Amelia resumió con una idea: las raíces no solo permanecen, sino que se viven.
Amigos, peñas y recuerdos compartidos
La pregonera dedicó igualmente una parte importante de su intervención a las peñas y a las amistades que han ido acompañándola con el paso de los años.
Desde su incorporación a la Peña El Pendón, recordó comidas, cenas, viajes, celebraciones, escapadas y numerosas anécdotas compartidas. Para Amelia, las peñas son mucho más que un lugar desde el que disfrutar de unos días festivos: son espacios en los que se crean amistades y recuerdos capaces de permanecer durante toda una vida.
Durante el pregón tampoco faltó el recuerdo para quienes ya no están. La familia, los amigos y aquellas personas que dejaron una huella especial aparecieron en diferentes momentos de un discurso en el que los agradecimientos ocuparon un lugar destacado.
Amelia quiso reconocer igualmente a quienes forman parte actualmente de su vida, a sus vecinos y a todas aquellas personas que cada vez que regresa al municipio la reciben con un saludo, una conversación o un abrazo.
“Las fiestas nos recuerdan quiénes somos”
Antes de terminar, la pregonera agradeció expresamente el trabajo de la Comisión de Fiestas, recordando las muchas horas de dedicación necesarias para preparar cada actividad y mantener vivas las tradiciones del municipio.
Y entonces llegó la invitación a disfrutar.
Amelia recordó que comenzaban las fiestas en honor a la Virgen del Valle, unas celebraciones que definió como esos días capaces de recordar “quiénes somos, de dónde venimos y por qué siempre merece la pena volver”.
Pidió dejar durante unos días a un lado los problemas y las diferencias, compartir las calles, la música, los encuentros y cada uno de esos momentos que dentro de unos años terminarán convertidos también en recuerdos. “Que durante estos días el reloj vaya despacio, que la espera dure poco, que el cansancio llegue tarde y que las ganas de vivir se nos noten en la cara”, deseó.
Un final que resumió el sentido de un pregón profundamente personal: la historia de alguien que salió de Torrubia del Campo, construyó su vida fuera, pero nunca dejó de volver a un pueblo en el que continúan su familia, sus amigos, sus recuerdos y, sobre todo, sus raíces.
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