Entre cohetes, goles y cien años de historia

Hay fines de semana en los que, sin grandes acontecimientos ni celebraciones en el calendario, los pueblos nos dejan pequeñas historias que merecen ser contadas. Este último fin de semana de octubre, con un sol que parecía resistirse a la llegada del frío, Torrubia tuvo un poco de todo: una victoria futbolística que ya se estaba haciendo esperar, cohetes que llegaban desde el pueblo vecino y un cumpleaños de esos que no se celebran todos los días.

La primera alegría llegaba el sábado en el campo de fútbol, donde el C. F. Torrubia consiguió su primera victoria como local. Una buena noticia para los jugadores y para quienes siguen al equipo cada semana, especialmente después de un comienzo de temporada en el que los triunfos en casa se estaban resistiendo. Y, hablando de nuestro campo, hace unas semanas, después de aquel empate a tres goles, leía en las redes sociales del conjunto visitante un comentario que me hizo especial gracia. Venían a decir que jugar en un campo de tierra suponía una ventaja para los nuestros, acostumbrados a una superficie que ya empieza a ser una rareza en una comarca donde prácticamente todos los terrenos de juego son de césped artificial.

Pues oye, si resulta que nuestro campo de tierra puede convertirse en un fortín, bienvenido sea. No tendremos césped artificial ni unas instalaciones de última generación, pero tenemos un terreno de juego que los nuestros conocen bien y que, por lo visto, puede poner en algún aprieto a quienes vienen de fuera. Quién nos iba a decir que aquello que algunos podrían considerar una desventaja terminaría siendo visto como un punto a nuestro favor. Ahora solo falta que esa primera victoria sea el comienzo de muchas más y que los equipos visitantes empiecen a venir a Torrubia sabiendo que aquí los puntos hay que pelearlos.

El domingo amanecía soleado y con el sonido de los cohetes que, desde El Acebrón, anunciaban la salida en procesión del Cristillo. Y es que hay sonidos que no entienden de términos municipales. Desde Torrubia se escuchaban perfectamente, recordándonos que, aunque cada pueblo tenga sus fiestas, sus costumbres y sus tradiciones, la cercanía hace que muchas veces también las sintamos un poquito nuestras. Seguro que más de uno levantó la cabeza al escuchar los primeros cohetes, preguntándose de dónde venían, hasta caer en la cuenta de que nuestros vecinos estaban de celebración.

Son esas pequeñas cosas que forman parte de la vida rural y que quizá pasan desapercibidas para quienes no están acostumbrados a ellas. Aquí no necesitamos grandes anuncios para saber que hay fiesta en el pueblo de al lado. A veces basta con escuchar unos cohetes a lo lejos para situarnos en el calendario y recordar que, más allá de los límites de nuestro término municipal, compartimos muchas más cosas de las que pensamos.

Pero, sin duda, la noticia más especial del domingo tenía nombre propio: Pilar Manzanares. Nuestra vecina cumplió cien años, una cifra que impresiona por sí sola y que merece una felicitación por todo lo alto. Este sábado tuve la oportunidad de encontrármela paseando por las calles de Torrubia, con su andador y a su ritmo, pero disfrutando todavía de un paseo por el pueblo que la vio nacer hace ya un siglo.

Y qué gusto da verla. Porque cumplir cien años es extraordinario, pero seguir saliendo a pasear por las calles que uno ha conocido durante toda su vida tiene algo todavía más especial. Pilar ha visto cambiar Torrubia de una manera que probablemente a muchos nos costaría imaginar. Ha conocido otras formas de vivir, otros tiempos y generaciones enteras de vecinos. Si nuestras calles hablaran, seguramente tendrían muchas historias que contar, pero pocas personas podrían relatarlas con la experiencia de quien lleva un siglo recorriéndolas.

Y así, casi sin darnos cuenta, se nos ha ido otro fin de semana de octubre. Con los primeros tres puntos celebrados en nuestro campo de tierra, con los cohetes de El Acebrón resonando a lo lejos y con Pilar sumando nada menos que cien años de vida.

Tres historias que poco tienen que ver entre sí, pero que nos recuerdan que la actualidad de un pueblo no siempre necesita grandes titulares. A veces está en la alegría de un equipo que consigue ganar ante su afición, en los sonidos que llegan desde el otro lado del término municipal o en el sencillo placer de encontrarse por la calle con una vecina que acaba de cumplir un siglo.

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